- "¿De dónde es la fotografía?"
"De una vieja prisión llamada la Rata." - ―Amadeus Hunter y Melinda May
La Rata fue una prisión secreta de la Reserva Científica Estratégica durante la Segunda Guerra Mundial.
Historia[]
Interrogatorio de Werner Reinhardt[]
En 1945, Margaret Carter y los Comandos Aulladores capturaron a Werner Reinhardt y lo encerraron en la Rata, donde Carter se encargó de interrogarlo. En un intento de saber qué tipo de hombre era Reinhardt, Carter ordenó que se le deje a solas con un lápiz a disposición. Al ver que éste no lo utilizó, Carter entró a la habitación y Reinhardt le contó que ya conocía ese truco, pues podría haber usado el lápiz para escribir una confesión, suicidarse o matar a alguien. Carter, intentando saber qué esperaba Reinhardt de ella, logró averiguar que éste no estaba interesado en hacer nada llamativo con el lápiz.
En lugar de eso, Reinhardt preguntó las posibilidades que tenía de ser reclutado por el gobierno de Estados Unidos como científico, sabiendo que muchos de sus colegas ya habían sido trasladados. Reinhardt declaró que podría salvar a la humanidad si se le daba una segunda oportunidad, no obstante, Carter descartó reclutarlo diciéndole cuán horribles eran los experimentos que solía hacer con las personas que mató, incluyendo el tener a una niña encerrada en una jaula. Basándose en estos sucesos, Carter le negó la petición que estaba solicitando.
Reinhardt se burló de Carter diciéndole lo confusa que estaba por no entender de qué trataban los artículos que la Reserva Científica Estratégica le quitó a HYDRA, pero Carter estaba dispuesta a quedarse con esa duda. Reinhardt le contó de la existencia de un mito sobre una estrella que cayó de los cielos y los ángeles azules que venían a visitarla querían salvar el mundo, asegurando que esto podría estar malinterpretado y que dichos ángeles en realidad querían conquistar el planeta. Al oir esta historia, Carter lo dejó a solas.
Carter regresó a la sala de interrogatorios después de haber decidido qué haría con Reinhardt. Ella confesó que tenía en mente hacer un trato con él, ya que su trabajo podría ser valioso si el cielo se abría un día como el esperaba, pero, declaró que si eso sucedía, desearía no tener a Reinhardt como aliado.
Reinhardt trató de hacerla razonar al prever lo que vendría para él, afirmando que aprenderían mucho al formar una alianza, pero lo único que Carter le dijo es que se olvidaría de él y de su trabajo, y que nadie vendría a verlo después de ella. Tras que Reinhardt dijera que no estaría encerrado para siempre, Carter le prometió que mientras ella tuviera vida, se encargaría de así fuera. Después de que Carter se marchara, Reinhardt fue sentenciado a pasar el resto de su vida en la Rata en completa soledad.[1]
Sentencia de Werner Reinhardt[]
Bajo las órdenes directas de Margaret Carter, quien posteriormente se convirtió en la Directora de S.H.I.E.L.D., Werner Reinhardt fue encarcelado en la Rata por el resto de su vida, bajo los cargos de conspiración en la Segunda Guerra Mundial y crímenes contra la humanidad. Reinhardt pasó los siguientes cuarenta y cuatro años encerrado a solas en su celda, entreteniéndose leyendo libros y jugando ajedrez.[1]
Visita de los hermanos Malick[]
En 1970, Gideon y Nathaniel Malick visitaron la Rata para reunirse con Werner Reinhardt. Desde su celda, Reinhardt les dijo a los hermanos que olvidaran las creencias que su padre les había enseñado sobre los orígenes de HYDRA, y que optaran por explorar la misma organización desde un punto de vista científico. Los Malick llamaron a Reinhardt un tonto, sin embargo, este les reveló que su padre a lo largo de los años había evitado su encuentro con el destino haciendo un simple truco barato durante el ritual necesario. Como Gideon y Nathaniel no le creyeron, Reinhardt le sugirió revisar el libro El paraíso perdido que su padre tenía en la oficina, sabiendo que ahí desubrirían la verdad de su padre.[2]
Liberación de Werner Reinhardt[]
En 1989, Alexander Pierce le otorgó libertad condicional a algunos prisioneros debido a su estado de salud, incluido Werner Reinhardt, quien ya era un anciano. Hauer y Rivera se encargaron de sacar a Reinhardt de la prisión, y Rivera explicó que Pierce estaba liberando a Reinhardt porque solo era un investigador alemán, y no por el bando que eligió durante la Segunda Guerra Mundial. Hauer supuso que Pierce trataba de forjarse una reputación con estas acciones, a lo que Rivera dijo que lo más probable era que la Rata se estaba quedando sin presupuesto. Una vez que Rivera los dejó, Hauer ayudó a Reinhardt a entrar en un camión para su posterior traslado.
Estando a solas, Hauer saludó a Reinhardt identificándose con el tradicional saludo de HYDRA. Reinhardt preguntó porqué lo liberaban ahora y no antes, a lo que Hauer explicó que acababn de reubicar a la niña, que ahora era adulta, con la que Reinhardt había experimentado a fines de la Segunda Guerra Mundial. Para que Reinhardt viera con sus propios ojos lo que podría hacer estando libre, fue llevado a la fortaleza de HYDRA en Austria.[1]